Actualidad de la misión educativa

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“Los muchachos que Calasanz veía correr y alborotar por las calles romanas…los podemos encontrar hoy en aquellos que han perdido el sentido auténtico de la vida y carecen de todo impulso por un ideal, a los que tienen a sus espaldas familias rotas e incapaces de amor, viven a menudo situaciones de penuria material y espiritual, son esclavos de nuevos ídolos de una sociedad que, no raramente les presenta un futuro de desocupación y marginación” (Documento Misión Compartida de las Escuelas Pías, 1999).
Hoy, a 400 años de la fundación por Calasanz de la escuela para todos, el Capítulo General de los Escolapios apuesta de nuevo por aquella intuición original: la educación de la persona, desde la más tierna infancia a través de la institución escolar, fortalece la energía que mantiene a las sociedades en constante mejora para bien de los ciudadanos.
En el intento de dar respuesta a los nuevos desafíos que plantean a la educación las nuevas circunstancias de nuestro mundo, estamos de acuerdo con aquéllos que ven en la educación un tesoro y en la escuela el medio más eficaz para distribuir equitativamente el conocimiento acumulado y así hacer posible el progreso de todos, a pesar de las graves dificultades de la escuelas en muchos países por falta de recursos adecuados y de las dificultades que conllevan las reformas de los sistemas educativos, en otros.
“Sintiéndonos unidos a tantos hombres y mujeres que ponen en pie la escuela cada mañana, y muy particularmente a aquellas comunidades educativas que se reúnen bajo el nombre de escuela católica, solicitamos la plena libertad de educación sin discriminación económica en todos los países del mundo, garantizada por legislaciones respetuosas para con los derechos educativos de la familia.
Asimismo apostamos por la creación de espacios donde crezca la libertad de las personas y donde las una el amor, para desarrollar de este modo cuanto hay de bueno en cada una de ellas.
Nuestra escuela fue abierta a todos ya desde el principio, enseñándonos que las razas, las culturas y las religiones pueden convivir, asumió la modernidad científica, aplicó métodos sencillos y breves, se organizó teniendo la gradualidad del proceso educativo. Hoy nos urge a situarnos en la frontera de la innovación pedagógica y de la complejidad cultural para dar respuesta a los condicionamientos que sufren nuestros niños y jóvenes.

Calasanz no se limitó a promocionar la ‘escuela para todos’, ideal que más tarde ha sido reconocido como uno de los derechos fundamentales del hombre; quiso, además, que su escuela llevada por maestros comprometidos especialmente en la evangelización, fuera destinada principalmente a los niños pobres.
Este planteamiento juzgado muy innovador en el siglo XVII, se revela de gran actualidad también en nuestros días. Efectivamente, en las zonas marginadas de los países del bienestar y sobre todo en las naciones en vías de desarrollo, muchos niños están todavía insuficientemente escolarizados o totalmente abandonados a su suerte, de tal manera que la evangelización de los pobres continúa siendo un signo profético de la presencia del Reino de Dios entre los hombres” (Papa Juan Pablo II Declaración en Roma de la XLIV Asamblea general de los escolapios, 1997).